fbpx
Texas

Uvalde, un pueblo mexicoamericano donde todos se conocen

Uvalde, donde un joven de 18 años mató a tiros a 19 niños de 10 años y a dos maestras, es un pueblo ganadero mexicoestadounidense en el suroeste de Texas, donde la vidas están unidas por generaciones de amistades y matrimonios, y la política se define por valores familiares y cuestiones socialmente conservadoras.

Las muertes de 21 personas unieron a Uvalde en una angustia común.

Todos en Uvalde, un pueblo de 15 mil 200 personas a 100 kilómetros de la frontera sur, parecen conocer al menos a uno de los niños que fueron baleados. O fueron a la preparatoria con uno de los padres o abuelos de las víctimas. O han perdido a varios miembros de familia.

«Perdí a dos», dijo George Rodriguez, de 72 años, en medio de sollozos, mientras salía de su camión de reparto de Domino’s Pizza para saludar a un amigo esta tarde.

«Mi nieto y una sobrina. Perdí a dos».

«Lo sé, lo sé», respondió el amigo de Rodriguez, Joe Costilla.

«Perdimos a nuestro primo también».

La escena se repetía una y otra vez a lo largo de los vecindarios de casas modestas que rodean la escuela primaria, donde alrededor de 90 por ciento de los 500 estudiantes son hispanos.

Primos, tías y tíos se detuvieron en camionetas. Amigos llorando compartieron largos abrazos en los jardines delanteros de los hogares. Los dolientes condujeron de casa en casa haciendo llamada tras llamada, reuniendo una lista no oficial de los muertos antes de que los funcionarios identificaran públicamente a las víctimas.

«Esas fueron 21 vidas que no nos van a regresar», dijo Liza Cazares, cuyo esposo perdió a dos primos de 10 años en el ataque.

Rodriguez contó que asistió a terapia en el centro cívico durante la madrugada, pero le ofreció poco alivio. Entonces, le preguntó a su supervisor en Domino’s si podía terminar un turno.

«No podía quedarme en casa y pensar en lo que pasó todo el día», comentó.

«Tenía que trabajar y distraer mi mente».

Sacó una foto de su cartera que mostraba a José Flores de 10 años, «mi pequeño Josécito», a quien Rodríguez dijo que había criado como un nieto.

El niño vestía una player rosa que decía «Los chicos rudos usan rosa». Rodríguez rompió en llanto.

Costilla dijo que era primo por matrimonio de Eva Mireles, una querida maestra de la Primaria Robb, quien se hizo amiga de niños y adultos con la misma facilidad.

Ella amaba correr maratones y dar clase a sus niños de cuarto grado, después de haber pasado los últimos 17 años como maestra, comentó Costilla. Ella tenía una hija en sus veintes y tres perros.

«Era muy cercana a nosotros», dijo Costilla.

Pasaron muchos fines de semana haciendo carne asada en su patio trasero y habrían encendido la parrilla nuevamente este próximo fin de semana del Día de los Caídos.

«Pero ahora se ha ido», dijo Costilla.

Hasta esta semana, Uvalde probablemente era más conocido como el pueblo natal del actor Matthew McConaughey y John Nance Garner, Vicepresidente de Franklin D. Roosevelt. En 1970, fue centro de protestas contra la discriminación después de que estudiantes hispanos de preparatoria organizaran semanas de huelga.

San Juanita Hernández, de 25 años, y residente de quinta generación, dijo que sus maestros a menudo invocaban la historia y los nombres famosos de Uvalde cuando instaban a ella y a otros estudiantes a hacer grandes cosas.

«Cualquier maestro, entrenador de futbol, nos diría: ‘¿Quién de ustedes nos traerá fama y nos pondrá en el mapa?'», recordó Hernández.

Pese a la proximidad a la frontera y la presencia de una estación de Aduanas y Protección Fronteriza de EU en Uvalde, residentes y funcionarios de la ciudad dijeron que la mayoría de las personas nacieron en el área y tienen profundos lazos con la historia ganadera de la región.

En el vecindario alrededor de la Primaria Robb, más de 40 por ciento de los residentes han vivido en la misma casa durante al menos 30 años, según datos del censo.

La pérdida compartida que reverberó en Uvalde atrajo a la gente a la misa de 10:00 de la mañana en la Iglesia Católica del Sagrado Corazón. Mientras se dirigían al edificio, Rebecca y Luis Manuel Acosta dijeron que el tiroteo había cobrado un peso aplastante en una comunidad donde parecía que no había más que unos pocos grados de separación entre las familias.

Las conexiones cercanas se extendieron al tirador de 18 años, quien autoridades dicen llevó a cabo la masacre antes de que un agente de la Patrulla Fronteriza le disparara fatalmente.

Ronnie Garza, comisionado del condado, declaró que conocía a la abuela del sospechoso, quien resultó herida antes del tiroteo en la escuela.

Agregó que uno de sus nietos también conocía al sospechoso, quien asistía a la Preparatoria Uvalde.

«Somos una comunidad de fe, obreros, trabajadores agrícolas», expuso Garza.

Como en gran parte de Texas, la posesión de armas está profundamente arraigada en la cultura y Gobierno de Uvalde. El Condado Uvalde, que incluye la ciudad, ha elegido demócratas conservadores, pero también votó dos veces por el ex Presidente Donald Trump.

El Concejo Municipal aprobó una medida en octubre que permite a los trabajadores de la ciudad traer un arma debidamente registrada para trabajar con ellos, y el Departamento de Policía de Uvalde entregó candados para armas gratis para tratar de evitar disparos accidentales, de acuerdo con The Uvalde Leader-News.

Con información de The NYT News Service

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
A %d blogueros les gusta esto: