
Por: Kevin Liñán | Piedras Negras, Coah.- Los movimientos al interior del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento de Piedras Negras anticipan una reestructura de fondo que no solo alcanzaría al Consejo, sino directamente a la cabeza del organismo. El gerente Lorenzo Menera Sierra y su equipo más cercano enfrentarían sus últimos días en el cargo, en medio de un desgaste operativo y político que ya no logra sostenerse.
El alcalde Jacobo Rodríguez ha reconocido que el cambio es inevitable, mientras crece la presión por los constantes reportes de agua turbia en distintos sectores de la ciudad y la falta de respuesta efectiva del sistema. A esto se suma un escenario técnico deteriorado, con drenajes colapsados y una operación que ha quedado rebasada por la demanda ciudadana.
Dentro del organismo, los señalamientos no solo apuntan a la gerencia. La secretaria técnica, Elizabeth Flores, ha sido ubicada como una figura clave en la toma de decisiones, con una influencia que, según versiones internas, supera sus atribuciones formales. Su intervención abarcaría desde factibilidades hasta decisiones administrativas sensibles, consolidando un control que ha generado inconformidad en distintas áreas.
Particularmente en el Departamento Comercial, trabajadores refieren que existe una intervención constante en ajustes, descuentos y procesos que deberían seguir una ruta institucional clara. Esta dinámica habría derivado en un desorden operativo que se refleja en cobros inconsistentes, falta de claridad para los usuarios y retrasos en servicios básicos como cortes y reconexiones, debilitando aún más la ya cuestionada operación del sistema.
El entorno cercano a la secretaria técnica también ha sido objeto de controversia. El despido de Eduardo González Luckie del Centro de Rehabilitación y Atención Médica (CRAM), ocurrido hace ya varias semanas, generó inconformidad, al tratarse de su esposo. De acuerdo con versiones internas, la funcionaria habría manifestado que la decisión fue dirigida en su contra, tensando aún más el ambiente dentro del organismo.
A ello se suman señalamientos sobre posibles prácticas de conflicto de interés y uso indebido de funciones, tras trascender que uno de sus hijos habría sido incorporado a la estructura de SIMAS. Estos elementos refuerzan la percepción de un organismo con decisiones concentradas en un grupo reducido, en medio de una operación que exige orden y profesionalización.
Con un sistema rebasado y un desgaste evidente en su estructura interna, la reestructura en SIMAS ya no se percibe como una posibilidad, sino como una medida inminente. La salida del gerente y su círculo cercano aparece como el siguiente paso en un intento por recuperar el control de un organismo clave para la ciudad.



