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Aumentan 50% decesos por persecuciones fronterizas en EU

El año pasado se registró un incremento de un 50 por ciento en las muertes que ocurren en las persecuciones de la Patrulla Fronteriza, en comparación con la cifra de 2020.

En 2020, hubo 14 muertes de este tipo, mientras que en 2021, fueron 21, la último en Navidad, de acuerdo con la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, en inglés). El aumento renueva las preocupaciones sobre la rendición de cuentas de los agentes migratorios.

De 2010 a 2019, las persecuciones de alta velocidad por parte de la Patrulla Fronteriza resultaron en un promedio de 3.5 muertes al año, según la ACLU.

Angie Simms había estado buscando a su hijo de 25 años durante una semana, presentó un reporte de persona desaparecida y llamaba a cualquiera que pudiera haberlo visto, cuando recibió la llamada en agosto.

Su hijo, Erik Molix, estaba en un hospital en El Paso, Texas, inducido en coma y conectado a un ventilador.

Molix había sufrido un traumatismo en la cabeza después de que la camioneta que conducía con nueve inmigrantes indocumentados adentro volcó cerca de Las Cruces, Nuevo México, mientras agentes de la Patrulla Fronteriza lo perseguían a velocidades de hasta 120 kilómetros por hora.

Murió el 15 de agosto, casi dos semanas después del accidente. Incluso entonces, nadie de la Patrulla Fronteriza ni de ninguna otra agencia gubernamental o policial se había puesto en contacto con su familia.

La cantidad de migrantes que cruzan ilegalmente la frontera de Estados Unidos se ha disparado en los últimos meses, y la Patrulla Fronteriza registró la mayor cantidad de encuentros en más de seis décadas en el año fiscal que terminó el 30 de septiembre.

La agencia registró más de 700 incidentes de «uso de la fuerza» en o cerca de la frontera sur en el último año fiscal. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) no revela cuántos de ellos terminaron en muertes ni cuántas persecuciones de alta velocidad se llevan a cabo cada año.

Cruzar la frontera sin documentos o ayudar a las personas a hacerlo está lleno de riesgos, independientemente de las circunstancias. Detener esos cruces, y la actividad criminal de los contrabandistas, es fundamental para el trabajo de la Patrulla Fronteriza. Pero el aumento de las muertes plantea interrogantes sobre hasta dónde debe llegar la agencia en la persecución de contrabandistas e inmigrantes, y cuándo y cómo los agentes deben participar en persecuciones a altas velocidades.

La CBP aún no le ha dado a Simms, una maestra de quinto grado en El Paso, una explicación de lo que le sucedió a su hijo. Vio un comunicado de prensa que se emitió dos semanas después del accidente.

Los funcionarios dicen que no es responsabilidad de la agencia dar explicaciones. Simms dijo que entendía que las autoridades sospechaban que su hijo estaba involucrado en una actividad ilegal, transportando inmigrantes que ingresaban ilegalmente al país.

«Pero eso no significa que tengas que morir por ello», dijo.

La CBP, que forma parte del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), tiene una política que establece que los agentes y oficiales pueden realizar persecuciones de alta velocidad cuando determinen que «el beneficio de las fuerzas del orden público y la necesidad de conducir de emergencia supera el peligro inmediato y potencial creado por tal conducción de emergencia».

La ACLU argumenta que la política, que la agencia dio a conocer públicamente por primera vez el mes pasado, otorga a los agentes demasiada discreción para determinar el riesgo para la seguridad pública.

En una declaración a The New York Times, Alejandro Mayorkas, Secretario de Seguridad Nacional, dijo que si bien «los agentes y oficiales de CBP arriesgan sus vidas todos los días para mantener seguras a nuestras comunidades», el DHS «le debe al público la investigación justa, objetiva y transparente de los incidentes de uso de la fuerza para garantizar que nuestros más altos estándares se mantengan y se cumplan».

Pero los críticos aseguran que hay un patrón preocupante de omisiones, documentos no reportados en el que la Patrulla Fronteriza mantiene sus operaciones opacas, a pesar del creciente costo humano del uso agresivo de la fuerza.

Con información de The New York Times

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