
Un gobierno sin rumbo y una ciudad que se les desmorona
Kevin Liñán | Piedras Negras, Coahuila.- El gobierno que prometió transformar a Piedras Negras hoy es sinónimo de desencanto. Lejos de ofrecer soluciones, el alcalde Jacobo Rodríguez y Lorenzo Menera, gerente de SIMAS y aspirante a suceder a su socio político, han exhibido con crudeza su falta de preparación y la ambición que los mueve más que el compromiso de servir.
Los meses han pasado y lo único que crece es la frustración ciudadana. Ocho meses sin resultados en obra pública, con un SIMAS colapsado que mantiene a miles de familias en la incertidumbre diaria de si tendrán o no agua en sus hogares. Las techumbres prometidas, el bacheo, el alumbrado y hasta los servicios más básicos han quedado en el olvido, mientras la administración parece más interesada en la revancha política que en gobernar.
Menera creyó que con sandías, melones y dádivas tendría asegurada la simpatía de más de 60 mil usuarios de SIMAS, pero la realidad ha demostrado lo contrario. Las redes sociales, que antes presumían como termómetro de su “popularidad”, hoy se han convertido en su peor juez, exhibiendo incapacidad, soberbia y promesas rotas.
A la par, el enfrentamiento con empresarios por el intento de imponer el cobro del DAP terminó por evidenciar que este gobierno no tiene rumbo. Pretenden revivir un impuesto que en tres décadas no fue necesario para sostener a la ciudad, pero hoy, con las arcas vacías y un gasto desbordado, buscan tapar los huecos financieros a costa del sector productivo.
La administración municipal ha devorado los recursos locales, los federales y hasta los estatales sin rendir cuentas claras. Con una nómina inflada y un dinero en manos de asesores que han fallado una y otra vez, el futuro inmediato luce insostenible.
Ni una selfie, ni un discurso populista, ni mucho menos una fruta regalada alcanzan ya para convencer a los vecinos de Acoros, Montes, Argentinas o del ejido. Piedras Negras se les cae de las manos y lo más grave es que quienes gobiernan parecen no tener la capacidad ni la voluntad de detener esa caída.
Hoy la realidad es contundente: no están preparados para gobernar. Y lo más revelador, ya ni su propio partido quiere cargar con el fracaso que representan.



