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Menera arremete contra empresarios, Grupo Zócalo y Jacobo

En su discurso se abalanzó en contra de Jacobo Rodríguez, hizo especial mención a Grupo Zócalo así como a la familia Juaristi y grupo de empresario que los catalogó como 'pandilla de riquillos quebrados'

Redacción | Piedras Negras, Coah.- Durante una entrevista concedida la mañana de este lunes a un medio local, el gerente general del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (SIMAS), Lorenzo Menera, ofreció una serie de declaraciones que, más allá de aclarar el estado operativo del organismo, abrieron un frente político, económico y mediático que revela una constante en su gestión: la confrontación como sustituto de una estrategia de resultados.

En un tono que osciló entre lo ideológico y lo personal, Menera Sierra arremetió contra empresarios locales, a quienes calificó como una “pandilla de riquillos quebrados”, y lanzó acusaciones directas contra grupos empresariales y mediáticos, particularmente el Grupo Zócalo, propiedad de la familia Juaristi. También cuestionó decisiones pasadas del gobierno municipal y confrontó públicamente versiones técnicas de exfuncionarios y actores políticos. Todo ello bajo una narrativa reiterada: SIMAS no avanza —o no ha avanzado— por culpa de factores externos.

El problema de fondo no es únicamente el contenido de las acusaciones, sino el contexto desde el cual se emiten. Lorenzo Menera, con más de un año al frente del organismo operador del agua, un periodo suficiente para presentar una ruta clara de recuperación financiera, operativa y técnica. Sin embargo, lejos de consolidar una visión institucional, su discurso sigue anclado en el pasado, en los “otros”, en los supuestos enemigos del sistema y en una permanente búsqueda de responsables ajenos.

Resulta especialmente delicado que un funcionario de su nivel utilice una plataforma mediática para descalificar de forma generalizada a sectores empresariales, insinuando enriquecimientos ilícitos sin aportar pruebas concretas ni recurrir a las instancias legales correspondientes. Si existen contratos irregulares, desvíos de recursos o actos de corrupción —como los señalados en torno a convenios publicitarios o servicios municipales— el camino institucional es la denuncia formal, no el señalamiento público selectivo que termina por parecer más un ajuste de cuentas que un acto de rendición de cuentas.

En su intervención, el originario de Michoacán apeló de manera recurrente a los principios de la Cuarta Transformación y al discurso del expresidente Andrés Manuel López Obrador, particularmente al lema “por el bien de todos, primero los pobres”. No obstante, la contradicción es evidente: mientras el discurso se reviste de justicia social, la realidad operativa de SIMAS sigue marcada por fugas, drenajes colapsados, falta de agua en sectores clave y decisiones técnicas que, según el propio gerente, no se ejecutaron correctamente. La pregunta obligada es: ¿dónde está la responsabilidad del actual titular en todo ello?

El uso del conflicto como herramienta política también deja entrever una gestión reactiva. Menera agradece los “ataques” mediáticos porque, dice, le permiten detectar fallas; sin embargo, esa lógica revela una carencia estructural de planeación preventiva. Un organismo como SIMAS no puede depender de la crítica externa para ubicar fugas, fallas de infraestructura o errores técnicos. Eso es, precisamente, la razón de ser de su estructura operativa.

Más preocupante aún es el tono personal que por momentos adquieren sus declaraciones, con descalificaciones directas a ingenieros, excolaboradores y actores del sistema, lo que debilita la imagen institucional y proyecta una administración más centrada en el choque que en la coordinación técnica. La autodefinición como “persona trabajadora” que “no estudió, pero no es tonta” puede conectar emocionalmente con ciertos sectores, pero no sustituye la necesidad de capacidad técnica, planeación estratégica y liderazgo administrativo.

SIMAS no se levanta con discursos, ni con enemigos visibles, ni con relatos de agravios históricos. Se levanta con decisiones técnicas correctas, con transparencia, con metas claras y con resultados medibles. A un año de gestión, la narrativa de Lorenzo Menera sigue siendo la misma: alguien más tiene la culpa. El alcalde, los empresarios, los medios, los exfuncionarios, los “caciques”, los liberales. Todos, menos la administración que hoy encabeza el organismo.

En política y en la administración pública, el tiempo es implacable. Las excusas caducan rápido. Y cuando el discurso de confrontación se prolonga más que las soluciones, deja de ser valentía para convertirse en evidencia de una falta de rumbo. SIMAS necesita gestión; lo que hoy tiene es, principalmente, discurso.

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