
Gobierno presume baja en homicidios; persisten dudas sobre el fondo
Redacción | Cuernavaca, Mor.- La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que los homicidios dolosos en el país han registrado una disminución del 40 por ciento en lo que va de su sexenio, correspondiente al periodo de septiembre de 2024 a diciembre de 2025, una afirmación que, aunque respaldada por cifras oficiales, abre el debate sobre el contexto real de la violencia en México y la lectura que se hace de estos datos.
Durante la conferencia matutina realizada en Cuernavaca, Morelos, la mandataria sostuvo que esta reducción equivale a 34 homicidios diarios menos y que se trata del nivel más bajo desde 2016. De acuerdo con lo expuesto, el promedio nacional pasó de 86.9 homicidios diarios al inicio de la actual administración a 52.4 casos diarios al cierre de diciembre de 2025.
Por su parte, Marcela Figueroa, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), señaló que en los últimos 15 meses se ha observado una tendencia sostenida a la baja. Incluso, destacó que diciembre de 2025 fue el mes con menos homicidios dolosos registrados en una década, al compararlo con los cierres de año desde 2016.
No obstante, un análisis más amplio de las cifras muestra que la comparación parte de uno de los periodos más violentos en la historia reciente del país. Aunque 2025 cerró con un promedio anual de 64 homicidios diarios, cifra inferior a los 67.1 registrados en 2016, el número sigue siendo elevado si se contrasta con los niveles previos al repunte de violencia que inició a partir de 2007.
En términos de tasa por cada 100 mil habitantes, 2025 concluyó con 17.5 homicidios, una reducción significativa frente a picos como el registrado en 2018, cuando la tasa alcanzó 29.1. Sin embargo, esta cifra aún se mantiene por encima de estándares internacionales considerados aceptables en materia de seguridad pública.
Si bien el gobierno federal destaca la tendencia a la baja como un logro de su estrategia de seguridad, los datos también evidencian que la violencia letal continúa siendo un problema estructural. La disminución, aunque relevante, no necesariamente se traduce en una percepción de seguridad generalizada ni en una normalización de la vida cotidiana en amplias regiones del país, donde los homicidios siguen siendo parte del entorno diario.



