Piedras Negras
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Jacobo mantiene en pie privatización ‘encubierta’ ante crisis del Simas

El Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (Simas) de Piedras Negras, hundido en semanas de fallas constantes que han dejado sin agua a miles de familias, se perfila ahora a un escenario aún más preocupante: su privatización parcial. Lo que durante años fue una sospecha comienza a tomar forma en los planes de la actual administración municipal, que plantea entregar el 49 por ciento de las acciones a una empresa privada a cambio de una inyección de 200 millones de pesos, con la obligación de invertir otra cantidad similar para “rescatar” al organismo del atorón en que lo mantiene la gestión de Lorenzo Menera.

No es la primera vez que esta idea ronda las esferas del poder municipal; ya en administraciones pasadas, como la de Claudio Bres, se habló de un proyecto de privatización con empresarios. Hoy, sin embargo, las conversaciones parecen haberse cristalizado en reuniones que el alcalde Jacobo Rodríguez sostiene durante sus viajes a Monterrey, Ciudad de México, San Antonio e incluso Las Vegas, donde operadores y allegados al proyecto delinean los pasos a seguir. El objetivo es claro: transformar a Simas en una especie de “CFE del agua”, con tarifas más altas que garanticen negocio a una nueva Simas privatizada.

El obstáculo inmediato se llama Lorenzo Menera, señalado de haber llevado al sistema a la peor crisis operativa de su historia, pero sostenido en el cargo por al menos cinco regidores y un “aliado” que, en realidad, funge como espía y Judas político. La permanencia de Menera no solo mantiene en jaque al organismo, sino que amenaza el proyecto político del propio alcalde, quien lo convirtió en gerente tras haberlo respaldado electoralmente. De ahí que la salida de Menera se discuta ya como una condición para avanzar en el plan privatizador, aunque para ello se tenga que recurrir al enfrentamiento abierto.

El futuro de Simas no depende únicamente del municipio: el Congreso local y las instancias estatales, particularmente en Saltillo, tendrán la última palabra. Lo cierto es que la ruta está marcada. Una eventual privatización abriría la puerta a constructoras afines para ejecutar las millonarias obras que requiere el organismo, en lo que se perfila como un negocio entre “amigos empresarios” disfrazados de inversionistas. La pregunta que queda en el aire es si la crisis que hoy mantiene a miles de familias sin agua es parte de la incapacidad de gestión o, peor aún, una estrategia deliberada para poner a Simas en la lona y justificar su entrega parcial al capital privado.

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